
La mar, con las cabañuelas estacionales, basándose en los días 21 de final de cada estación, para pronosticar el tiempo de los tres meses de primavera, invierno, tan importantes para esos hombres de la pesca, oficio duro donde los haya y tan poco reconocido socialmente.
Esos signos, señales, como el vuelo de pájaros, ya sea en pareja o en bandos, esa humedad de las plantas al tacto a las 6:00 de la mañana, la presencia de alúas u hormigas aladas, la forma de los nublos, la dirección predominante del viento, durante 18 horas diarias, de 6:00 a 24:00, en los 24 primeros días de agosto, permiten una pronóstico con acierto del 80-90%, en 250-300 km alrededor de Quesada, gracias a Alfonso.
Las cabañuelas evolucionan, como las personas y el clima, hay que saber ver los pequeños desajustes, pues la naturaleza va cambiando. Mientras tanto gestionemos el presente, con el pronóstico del futuro.
Señales, recuerdo como ante un contrato privado a firmar, mi amigo y abogado Ángel, me dijo adelante, si me fiaba del cliente, con la salvaguarda de sus cláusulas. La etología estudia el comportamiento humano y de los animales, y está claro que el clima tiene su repercusión en gestos. La universidad de la calle está basada en interpretación del comportamiento humano y da para varias tesis doctorales. Seguimos sin entender las señales de la naturaleza y de quienes nos rodean.
¿Qué pasaría de estas aficiones y oficios rurales, tan ancestrales como el de las cabañuelas, se hubieran inventado en Japón o Estados Unidos de América?. Nos falta autoestima y nos sobra desprecio y olvido sobre el mundo rural.
Iván Casero es Ingeniero de Montes